SIERRA DE SEGURA |
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Carta del padre Bustamante a Francisco de Borja en 1569
La Sierra de Segura se sitúa al noreste de Jaén y Andalucía, limitando con las provincias de Albacete, Granada y Ciudad Real. Esta comarca, donde viven algo más de 26.000 habitantes, se divide en 13 municipios con un rico patrimonio: Arroyo del Ojanco, Beas de Segura, Benatae, Génave, Hornos de Segura, Orcera, Puente de Génave, La Puerta de Segura, Santiago-Pontones, Segura de la Sierra, Siles, Torres de Albanchez y Villarrodrigo, además de un gran número de aldeas y cortijos dispersos por su abrupta geografía. Las más altas cimas, donde uno puede encontrar vistas maravillosas de ríos y bosques mediterráneos, y grandes altiplanos como los Campos de Hernán Pelea, forman un grupo compacto de montañas con una amplia diversidad de flora, fauna y ecosistemas de gran valor.
Junto con las vecinas comarcas de Cazorla y Las Villas en Jaén, forma el Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, que con una extensión de 209.920 ha., es el espacio protegido más grande de España, y cuyas características ambientales le han valido también las categorías de Reserva de la Biosfera, Zona de Especial Protección para Las Aves y LIC de la Red Natura 2000. El Parque se extiende por 23 municipios pertenecientes a las tres comarcas que le dan nombre. En promedio, la Sierra de Segura, posee el 77,6% de su territorio declarado Parque Natural y aporta a éste casi 3/4 partes del total.
La reciente tectónica alpina que afectó a la zona ha configurado un relieve intrincado y abrupto, con un 70% de su superficie por encima de los 800 m, con su cota máxima en el Cerro de las Banderillas (1.993 m), y la mínima en la confluencia del arroyo de Gutar con el río Guadalimar con tan sólo 440 m.
Entre las masas arbóreas destacan los pinos carrasco, negral y laricio. Los dos primeros introducidos han sustituido al bosque original del que aún quedan buenas muestras, donde abundan especies como encinas, quejigos y arces, y donde encuentran refugio especies típicas de zonas más norteñas, como el acebo, el avellano y el mostajo. Entre los arbustos dominan los lentiscos, las cornicabras, los madroños, los majuelos, los acebuches, los serbales, los enebros, los rosales silvestres, y otras especies típicas de las zonas meso y supramediterráneas. En el estrato herbáceo es muy diverso, abundando jaras, romeros, tomillos, espliegos y un alto número de especies mediterráneas; sin olvidarnos del estrato lianoide, muy bien conservado en la mayor parte de las riberas de los ríos y arroyos, donde son frecuentes las madreselvas, zarzamoras, hiedras, parras silvestres y la clemátide. En los valles de las zonas más bajas, la vegetación original ha sido sustituida por olivares de montaña, de cuyo fruto se recogen uno de los aceites de oliva, con Denominación de Origen, más preciados del mundo.
Los vestigios de presencia humana más antiguos de la Sierra de Segura son restos líticos hallados en un extenso hábitat al aire libre localizado en las terrazas del Guadalimar y pertenecen a la llamada Industria Achelense (Paleolítico Inferior). Se trata de útiles realizados de manera rudimentaria con cantos rodados y guijarros que se utilizaban como herramientas para cazar, desgajar carne o curtir las pieles. Este tipo de herramientas suelen relacionarse con poblaciones anteriores a la aparición de los neandertales. Restos de Industria Musteriense (Paleolítico Medio), propia de los hombres de neandertal, también han aparecido en varios puntos de la comarca. Del Paleolítico Superior, el Epipaleolítico y el Neolítico debemos destacar la Cueva del Nacimiento (Santiago-Pontones), uno de los pocos yacimientos serrano-segureños que han sido objeto de estudio arqueológico. Las sucesivas campañas llevadas a cabo en el yacimiento han servido para establecer las fases de ocupación y las cronologías así como también para realizar importantes estudios faunísticos y paleoambientales.
Todos estos conjuntos rupestres han sido declarados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, dentro de un amplio grupo que abarca todo el Arco Mediterráneo Peninsular. Durante la Edad del Bronce, y en concreto durante la Cultura del Argar, se intensificará de manera importante la ocupación de lo que hoy es la Sierra de Segura. Esto lo demuestra la gran cantidad de yacimientos pertenecientes a esta época esparcidos por toda la comarca. El patrón de asentamiento es muy similar en todos ellos: poblados situados en montículos, cerca de cursos de agua y entorno a las principales vías de comunicación. Los recursos económicos primordiales de esta época, como en las anteriores, seguirán siendo las pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas, complementadas con actividades cinegéticas. Analizando la distribución y tamaño de los distintos poblados podemos afirmar que en esta época surge una incipiente organización territorial en la que unos poblados aparecerán como núcleos dominantes sobre otros que estarán en su órbita. En consecuencia, podemos afirmar que comienza un importante proceso de estratificación de la sociedad. La evolución de las sociedades indígenas autóctonas unida a las influencias de los colonizadores fenicios y griegos principalmente, darán lugar entre los siglos VI al II a.n.e. en el sur y el este peninsular a lo que hoy conocemos como Cultura Ibérica. De esta época se han encontrado varios asentamientos, entre los que destacan los oppida de Bujalamé, situado en la vega del Guadalimar, y del Collado de la Virgen. Ambos controlarían la comunicación con el Levante y la Meseta. El tesoro de Orfebrería hallado en Santiago de la Espada y conservado en el Instituto Valencia de Don Juan en Madrid, puede ser considerado como una de las obras clave del arte ibérico. En él aparecen piezas de estilo tartésico-ibérico y púnico que cronológicamente podrían situarse entre los siglos IV y II a.n.e. En total lo forman más de cien objetos y fragmentos entre los que destaca un juego de pendientes de oro en forma de racimo de uva. Tras la Segunda Guerra Púnica, en la que Roma, tras vencer a Carthago, pasaría a ser la potencia dominadora de todo el Mediterráneo, Hispania se convertiría en una de las principales fuentes de recursos para la gran metrópoli.
Los visigodos utilizaron la organización político-administrativa de los romanos sobre la que no introdujeron cambios. La Península estaba dividida en Hispania Citerior e Hispania Ulterior y el río Segura, que nace en esta sierra, sería la línea que dividiría ambas regiones. De esta época se han encontrado restos en Bujaraiza y piezas de ajuares funerarios como el collar de cuentas aparecido en Parolís. En la época de Al-Andalus la provincia de Jaén estaba dividida en coras, que eran circunscripciones territoriales constituidas en distritos, en los que se hallaban ciudades, aldeas y castillos. El distrito de Segura pertenecía a la circunscripción de Jaén, regida por un representante civil de la administración central cordobesa. Según Mahlli, en la Sierra de Segura existían gran cantidad de aldeas, refugios y fortalezas. En el siglo XI Segura ya es famosa por ser la sede de un pequeño señorío muy influido por los taifas de Levante, en el que gobernaba Said b. Rafil.
En 1580 las villas del Común de Segura adquieren la prerrogativa de dictar ordenes para la conservación de los montes para lo cual fueron elaboradas las "Ordenanzas del Común de la villa de Segura y su tierra" en la sacristía del Monasterio de Santa María de la Peña, en las afueras de Orcera, entre el 27 y el 29 de julio de 1580, siendo confirmadas por Felipe II el 5 de junio de 1581.
Este periodo se prolonga hasta entrado el siglo XIX, su declive se inicia con el Decreto de las Cortes de Cádiz de 14 de enero de 1812, por el que se abrogaba el régimen de los montes de Marina, derogado a su vez por Fernando VII, con la restauración del absolutismo. Finalmente, el 22 de diciembre de 1833 se publican nuevas Ordenanzas Generales de Montes, que clausuran definitivamente la etapa de la provincia marítima. Durante la Guerra de la Independencia, los vecinos de la comarca participaron activamente contra la ocupaci ón de las tropas francesas. Segura de la Sierra es incendiada en 1.810 con lo que se pierden los archivos de la Encomienda de Santiago existentes en la localidad.
A principios del siglo XX, el 50% de la superficie comarcal, por supuesto la más productiva, está en manos de unos setenta propietarios. Durante el primer tercio se produce un importante crecimiento demográfico en la comarca y como consecuencia, se hace mayor la presión social de una población que carece de recursos económicos, lo que se refleja en nuevas ocupaciones de hecho de espacios forestales transformados en suelo agrícola. Pero la actividad administrativa de posguerra en materia forestal se caracterizó por la consolidación de un dominio público exacerbado, la proliferación de las repoblaciones y el inicio de la explotación cinegética. El profesor Eduardo Araque Jiménez expone que "la Administración forestal de posguerra solo va a tolerar aquellos asentamientos legalizados previamente por vía judicial, así como los autorizados administrativamente por el Estado y los Ayuntamientos, y por los cuales estos organismos públicos venían percibiendo un canon anual, procediendo al desalojo de todos cuantos no se ajusten a estos principios.
Entre las novedades legislativas más significativas ya en democracia destaca el decreto 10/1986, de 5 de febrero, que crea el Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas con el fin de "ordenar los recursos y lograr un equilibrio entre el necesario progreso económico y social y la conservación del patrimonio natural y cultural". Es este un punto de inflexión en la gestión de los recursos naturales y del desarrollo de la comarca, que pasa a considerarse una zona donde aplicar estrategias de desarrollo sostenible. La comarca Sierra de Segura aporta a este espacio protegido una superficie de 143.346 ha, que constituyen el 69% del total del Parque Natural.
Todo este patrimonio natural y cultural se configura como un recurso esencial para el desarrollo sostenible de la Sierra de Segura. Por un lado constituye el patrimonio de todos los serranos y serranas, un recurso que les enriquece personalmente y les ayuda a conocer esta tierra de contrastes, y por otro lado suponen un potencial de alto atractivo para el visitante, especialmente para el amante de la naturaleza y la cultura tradicional.
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